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El acoso sexual, el gran villano de la Comic-Con

El país / ROCÍO AYUSO

Emily Escevarria, asistente a la Comic-Con de San Diego, posa disfrazada de uno de los personajes de la serie 'Teen Titans Go!'. CHRIS PIZZELLO/INVISION/AP

La mayor muestra de la cultura popular en la que todo cabe, la Comic-Con que se celebra hasta el domingo en San Diego (California, EE UU), lleva años demostrando que el frikismo no tiene género. Frente a los que durante años pensaron que los cómics no son para las mujeres, un simple vistazo a las entre 135.000 y 160.000 personas que se esperan en esta 49ª edición deja clara la diversidad de género de un grupo que durante cuatro días quiere reivindicar que ser geek es cool. Pero las Wonder Woman de a pie, las Jessicas Rabbit de carne y hueso, las Atómicas de bote o las Capitanas Marvel que se pasean por el centro de convenciones de San Diego disfrutando de su disfraz han dicho basta. Lo mismo les ocurre a esas otras profesionales del cosplay, las que se transforman no necesariamente en sus personajes preferidos si no en el que les pide la compañía que las ha contratado. Hermiones para vender libros de Harry Potter o conejitas de Playboy en apoyo a otro tipo de libros. En la Comic-Con todo vale, menos los abusos.



Y por eso se han plantado. Porque el ambiente amistoso y desenfadado de la Con, donde los aficionados se acercan a conocer a sus héroes, tiene esa otra cara menos inocente en la que florecen los acosos, los toqueteos indeseados, los comentarios no buscados o las indiscreciones de quienes se piensan que realmente todo vale.


Esta es la primera Con en la era del #MeToo pero no la primera en la que se producen estas quejas. El grupo Geeks For CONsent lleva seis años defendiendo el eslogan “Cosplay is not consent”. O lo que es lo mismo, el disfraz no te da permiso. Como comentan varias de las afectadas, como la cosplay profesional Ivy Doomkitty (su nombre de pila es Ivy Turner), son muchos los que confunden el personaje del que va vestida con la persona que va debajo del disfraz. “Hay gente que me ha tocado el culo o las tetas como si tal cosa. Y para cuando reaccionas ya se han marchado”, describió su propia experiencia.


A juzgar por sus comentarios y los de otros muchos en grupos contra los asaltos y acosos sexuales, a los organizadores de la Comic-Con también les ha costado reaccionar. Pero, según indica un comunicado de la organización, ya han tomado medidas para evitar este tipo de comportamiento en este mar de gente. Las nuevas normas preceden al #MeToo y fueron el resultado en 2014 de una intensa campaña guerrilla en red que obligó a la Con (y a su convención hermana en Nueva York) a tomar las medidas necesarias. Las normas incluyen una detallada guía de lo que se considera un comportamiento inaceptable además de ofrecer formas de denunciar los casos de abuso ya sea a los equipos de seguridad o a los voluntarios que patrullan el centro de convenciones. También existe una aplicación con GPS para denuncias que facilita la localización del agresor. El castigo: ser expulsado de la Con y perder la preciada credencial para un evento que siempre agota sus localidades. “Nuestro código de conducta está creado de manera intencional para proteger, porque la seguridad de nuestro público es una prioridad”, explicó en un comunicado el portavoz de la organización, David Glanzer. Su deseo, proporcionar un sistema que responda a las necesidades de cualquiera que se sienta incómodo o amenazado.


La respuesta de este sistema fue muy rápida este año cuando una de las figuras más prominentes de este foro, el presentador Chris Hardwick, autodenominado rey de los frikis, fue acusado de abusos sexuales por una de sus exnovias. Las acusaciones no han sido probadas. La actriz Chloe Dykstra nunca le mencionó por su nombre cuando habló de un antiguo novio que esperaba que estuviera siempre dispuesta (sexualmente) cuando llegaba a casa, que no la dejaba hablar con otros hombres y que arruinó su carrera profesional cuando rompieron. Y Hardwick, casado con Lydia Hearst, hija de Patty Hearst, ha desmentido las informaciones generando un cruce de acusaciones entre ambas partes. Pero en la era del #MeToo, no habrá rastro de Hardwick durante la convención. Famoso por poner a los fans en pie en paneles como el de The Walking Dead tanto la cadena AMC como la BBC han pasado de sus servicios a la hora de presentar sus nuevas series mientras se resuelve el caso. Lo mismo pasa con otros pesos pesados de la Con, como el crítico de cine Harry Knowles, fundador de la página Ain’t Cool News, que también brillarán por su ausencia salpicados por el escándalo.

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